Ser reportera nunca fue el plan, pero uno se enamora del oficio más bonito del mundo…
Hace como 8 años, estaba en un bar de Ciudad de México, con Iván, un chico que conocí en un taller de periodismo. Ahí le dije que un día viviría aquí.
Apenas hace unos días nos reencontramos aquí mismo, y oh sorpresa, le mostré el lugar donde vivo.
Llegué hace un año a la capital del país, por un trabajo fallido del que no vale la pena hablar, pero lo que sí vale la pena es contar que la decisión de irme de Puebla y probar suerte en otro lugar, ha sido uno de los mayores retos de toda mi vida.
MI PRIMER DÍA
Antes de viajar a la Ciudad de México, renuncié a mi anterior trabajo, que es uno de los más lindos que he tenido, por la gente que ahí me encontré. Muchos jóvenes llenos de ideas y muy amables.
Mi último día de trabajo fue el viernes 27 de junio y el domingo 29 de junio, ya estaba tomando mi camión del ADO. Viajé lo más ligera que pude, pero con lo esencial: ropa, una computadora, una cámara y varias piezas de joyería y bisutería de mi marca personal. Yo viajé decidida a triunfar con una cosa o con otra.
Llegué a instalarme y fui de turista al zócalo, a Bellas Artes y al Mercado de San Juan, donde conocí a un guía de turistas al que le hablé de Cuetzalan y de sus paisajes maravillosos.
En realidad, ya conocía gran parte de las calles que caminé porque había visitado varias veces la ciudad, aunque no dejaba de sorprenderme que ya iba a ser mi hogar por tiempo indefinido.
MI ENCUENTRO CON EL MUNDO
Desde mi primer alojamiento en la Ciudad de México, empecé a conocer a gente de todo el mundo: El Salvador, Brasil, Cuba, Perú, India, España…
En mi ambiente en Puebla, quizá conocí a extranjeros pero que ya llevaban años viviendo allá, por lo que no era tan distinta la experiencia.
Aquí en la capital, vi a varios migrantes que estaban en espera de poder volver a Estados Unidos o a sus países de origen. A personas que se quedaron porque encontraron una oportunidad de rehacer sus vidas, o a turistas que querían saber más de nuestro país.
Cambié de alojamiento varias veces, hasta que encontré mi hogar, pero en ese tránsito, pude ver –desde el ángulo periodístico- el abuso en los precios de arrendamiento, colonias inseguras, hoteles y hostales como refugio de probables delincuentes y estafadores tanto nacionales como internacionales.
EMPECÉ A EXTRAÑAR PUEBLA
Empecé a extrañar mucho más mi ciudad por cuestiones tan básicas como la limpieza de sus calles y la gastronomía.
Y es que Ciudad de México es preciosa: tiene museos, monumentos, parques, arquitectura y tacos, pero también tiene otras varias cosas, como plagas de ratas en los parques y calles, montoneras de basura y bastantes personas sin hogar, que pernoctan en la calle, queman basura o dejan escombros en varias zonas.
La verdad es que Puebla no es un paraíso, pero está mucho mejor cuidada la imagen urbana.
Aquí, caminas por un parque de la colonia Roma un domingo por la mañana y ves a las ratas pasar. O en Chapultepec, te comes unas papitas y se te cae una, y una rata sale por ella. Son anécdotas.
Y, aunque me funen y me deporten, en Pueblita tenemos muchísima gastronomía: chiles en nogada, chalupas, pipián verde, pipián rojo, mole, tinga, cemitas….
LO MÁS BONITO QUE ME DIO LA CIUDAD
Desde que llegué, vi que estás por tu cuenta porque casi todo mundo, está ensimismado en su teléfono, en su trabajo y en su vida, aunque si estás en los lugares correctos, también hay gente con la que puedes charlar sobre expresidentes de la República, sobre ideas y emprendimiento, sobre el valor de los juguetes antiguos, sobre música turca, sobre romper el techo de cristal en la ciencia, sobre mole poblano, o sobre las consecuencias de participar en un plantón de maestros.
Además de esas charlas valiosas con mucha gente, hubo algo inesperado y bello.
En este año, me enamoré de una persona. Increíble porque yo solo venía a trabajar. La historia fue fallida, pero me dio mis mejores momentos en esta ciudad. Fue mi regalo a la resiliencia.
Y es que el amor da algo al espíritu, y nos enseña sobre desear el bien, aunque la persona no esté con nosotros. Nos hace ser mejores y creer en la humanidad.
EL MAYOR RETO: LA SOLEDAD
Sé que esto no me hace única porque hay muchísima gente que se siente igual cuando no vive en su ciudad o en su país, pero estar lejos de la familia, de tu vecindario y de tus lugares, genera un poco de melancolía porque debes de construir una red, desde cero.
La soledad no solo es física, sino emocional, porque sabes que en tu ciudad todo se mueve igual sin ti, pero en tu nuevo lugar, tienes que comenzar a construir.
Yo disfruto mi soledad e independencia, pero siempre se extraña tomar café con mi mamá o estar con mis hermanos y acariciar a mi perrita. También quisiera ir a mi café de confianza y encontrarme a mis colegas de vez en cuando.
Esos encuentros en el autobús, en las calles del Centro Histórico de Puebla, se echan de menos. Aquí, entre tantas personas, es complicado saludar a un conocido, aunque mucha gente es amable y sonríe sin conocerte.
COSAS QUE CREÍA DE LA CDMX, Y QUE NO SON REALES
Me imaginaba que, por ser la capital del país, habría más respeto por la ley, pero es falso, la gente hace lo que quiere. Los motociclistas y los ciclistas parecen desesperados y se pasan el rojo todo el tiempo. Creen que por no esperar 3 minutos en el sitio que les corresponde, va a cambiar el rumbo de sus vidas.
Creía que la ciudad era demasiado cara. La verdad es que sí, en algunas zonas, pero también hay arrendamientos, insumos, transporte para todos los bolsillos, y hay muchas atracciones gratis, como los domingos de museos.
También pensaba que encontrar un empleo de mi carrera iba a ser más sencillo, pero no; además, los procesos de reclutamiento son largos y tortuosos. Piden mil requisitos y las grandes empresas terminan contratando a gente que se va a dormir a los trabajos, pero bueno, esa es otra historia.
Creía que la ciudad era muy agotadora, pero después de algunos meses, descubrí que hay algunos sitios llenos de paz, como el café del Museo Franz Mayer, las bibliotecas, y el lugar donde ahora vivo, donde oigo pajaritos al despertar.
Pensaba que toda la gente era más “alivianada” que, en Puebla, pero desafortunadamente, conocí en mi extrabajo, a personas poco constructivas. Así que no juzguemos a la gente por su lugar de origen, pues así como hay gente bien chida en esta ciudad y “open mind”, también está la cara no amable.
GENTE CHIDA
Y justamente, hablando de gente que me enseñó lo bonito de esta ciudad, quiero mencionar a quienes me abrieron las puertas y me dieron su amabilidad.
Varios de ellos y ellas, han sido gente fugaz en mi historia, pero gracias: Gaby,
Claudia, Dayana, Juanita, Ari, Diana, Vale, Gil, Chuby, Damarys, señora Clau, Jazz, Liz, Ana, señora Reyna, Lupita, Clemente, Anabelle, Sandra, Rubén, señora Mary, Viri…y varios más.
De todos aprendí, y a todos, les estoy agradecida por mostrarme lo bello de esta ciudad que hoy es mi hogar.
Vida reporteril
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PERSPeCTIVA CIUDADANA
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