Ser reportera nunca fue el plan, pero uno se enamora del oficio más bonito del mundo…
En el argot popular nos preguntamos qué más podría tomar Donald Trump…es decir, qué otro país va a salvar “amablemente” y en pro de la paz, o, mejor dicho, para obtener su petróleo o sus recursos económicos.
He estado pensando -someramente, ya que no soy analista político- en que hay algo que nunca podrá tener él ni su país…o al menos, no lo pueden robar con guerras ni con misiles.
Recientemente, conocí a algunos norteamericanos, a uno en particular, que, a pesar de tener más de 40 años, me confesó que le gustaría tener resiliencia, amor por su país, amor en general…y es que sí, él tiene mejor salario que muchos mexicanos, tiene beca del gobierno para seguir estudiando, puede comprar un auto de un día para otro, pero no tiene identidad.
De hecho, él, como varios gringos que conocí, vienen a México de vacaciones porque aquí se sienten seguros, pueden ser quienes quieren ser, sin máscaras, sin persecución… y sin necesidad de drogas pueden divertirse.
Aquí, una familia mexicana puede servirles frijoles con huevo, o pollo con mole, y recibirlos como si fueran un amigo más… para tratarlos bien, no se les pregunta si tienen doctorado, o si han triunfado en la vida, solo se les recibe con calidez, y con esa sensación familiar que los mexicanos tenemos porque nos las heredaron nuestros abuelos.
Aquí en México, no les preguntamos si ya tienen una jubilación segura o un retiro seguro…aquí les mostramos nuestra historia y les contamos nuestras tradiciones, y los invitamos a nuestro mundo, sin requisitos.
Vienen a visitar México porque aquí se sienten felices y cómodos…vienen como un escape de su realidad…vienen a un sitio en el que nosotros, sí, vivimos con estrés, pero si nos quedamos sin trabajo, podemos ser una botarga de farmacias Similares, o podemos ir a cargar fruta en un mercado, pero no nos deprimimos ni nos damos por vencidos tan rápido….nuestro refugio -o de la mayoría- no son las drogas ni la violencia: es nuestra familia y son nuestros vecinos.
Aquí nos enseñan que donde comen dos comen tres, y que no hay mal que por bien no venga.
Mientras Estados Unidos nos dice “no vengan porque nos roban trabajo”, aquí damos la bienvenida a los extranjeros y decimos “el sol sale para todos».
Aquí hasta la muerte la vemos con amor y filosofía. Tenemos gente creativa, que no viaja la luna porque vive en ella: creando, resolviendo problemas, soñando con posibilidades, vendiendo lo que puede para vivir, convirtiendo un carro de supermercado en una tienda afuera de una escuela. Aquí no nos rendimos a pesar del territorio que ya no tenemos, y a pesar de que recibimos armas de otros países.
No es ver la pobreza con filosofía, es que México tiene algo que nunca podrán robarnos ni los gringos ni ninguna primera potencia, y es ese amor, y esa identidad…es que aquí, todavía hay gente que devuelve una cartera perdida, o que regala una torta a quien lo ha perdido todo y tiene ganas de luchar.
Cuando se fue ese gringo que conocí, me dijo que le enseñé mucho de respeto y de amistad…Ese hombre que, aparentemente tenía todo: dólares, pasaporte azul y éxito profesional, vino a buscar algo que su país ya no produce: capacidad de amar.
Es casi poético y paradójico: Trump queriendo mostrar al mundo cómo se gana, con base en fuerza, y su propia gente, viene a México a que les enseñemos cómo se vive y cómo se siente, vienen por lecciones que no se compran con dólares.
PERSPeCTIVA CIUDADANA
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