Ser reportera nunca fue el plan, pero uno se enamora del oficio más bonito del mundo…
«Perdida» en la ciudad
Desde el día uno en que llegué a la Ciudad de México, me senté en las bancas del Parque de La Ciudadela. Para mí, era un lugar como cualquier parque, con bancas de cemento, árboles, luminarias, aves y vendedores ambulantes.
Como ése sería mi rumbo, no vacilé en pasar algunas otras veces, a descansar, o a conectarme a la red de Internet de la ciudad. La cara de quienes conocen este parque debe ser de «pobre tipa», pero quienes no son de por aquí, seguramente que no ven lo divertido a la historia….
Mis paseos en la zona, siempre habían sido de día, hasta que comencé a trabajar y, a pasar de noche por el rumbo. Algunas veces, ya entrada la noche, pasaba a comerme mi hamburguesa o mis taquitos a este parque, hasta que un sujeto se acercó a mí, y me dijo «es que estoy esperando a alguien», y yo pensé, ¿y a mí qué?, bueno, pues se sentó en la misma banca que yo, y no se iba. Me hizo sentir incómoda porque quería platicar y yo solo quería comer, así que opté por retirarme del lugar.
Después, en otra ocasión, también pasé a descansar a las banquitas, pero otro señor pasó y se estaba masturbando frente a mí. Y eso, que yo escogía las banquitas que están al pie de la avenida Balderas. Me levanté y me fui porque eso fue aún más incómodo.
Estas coincidencias me dejaron pensando, y dije: será posible que, en esta ciudad tan «open mind» los ligues sean así de directos. Bueno, pues mejor busqué en Google algo sobre la ubicación de este parque y para saber si ahí había algo peculiar, y pues que me voy enterando que era zona sex friendly, no solo para contratar servicios sexuales -principalmente gays-, sino que ahí mismo se consuman algunos actos sexuales….
Me reí, me asusté, me indigné, me santigüé (no se crean, soy de Puebla, pero no es para tanto), y entendí por qué no podía descansar a gusto en esa zona verde, o pulmón verde, como lo llaman los activistas a estos espacios.
Ese día me prometí no volver a sentarme en la zona. Dije ¿Qué necesidad?
Pero bueno, tiempo después, analicé y ¿Por qué no podría sentarme en un espacio público sin ser acosada?, así que volví al ruedo en un par de ocasiones, hasta que….
En recientes fechas, volví a ese parque a hacer tiempo mientras esperaba la entrada a mi trabajo, pero la situación fue más graciosa o indignante, depende del día en el que leas esto…jaja
Es importante apuntar algunos detalles. Iba vestida con pantalón negro, playera con un gatito tomando café, tenis, y un saco blanco con negro -rara combinación, pero era lo que había-. Llevaba cabello suelto y mis lentes de aumento. Tenía en mis manos, mi mochila azul, mi lonchera del trabajo y mi termo con café. Me senté un rato porque se me hizo temprano para el trabajo, y quería acomodar mis cosas.
Un señor, como de 65 años, me preguntó si estaba disponible. Me tuve que quitar mis audífonos para escucharlo, cosa que debió ser una señal para él porque estaba ocupada, ya fuere en llamada telefónica o con mi música, pero no le importó y, de todos modos, se atrevió a preguntar, de nuevo.
Me disgusté porque ya sabía el contexto de este lugar, así que lo que mi mente alcanzó a carburar es que me estaba preguntando si estaba disponible para algún servicio…jajaja. Solo atiné a decirle: estoy ocupada. Se quedó pensativo unos segundos y se tuvo que ir, al ver que lo ignoré.
Durante varios minutos, me quedé pensando en ¿Por qué no podría yo, ante sus ojos, ser simplemente una empleada que estaba haciendo tiempo para su trabajo, con café en mano? y ¿Por qué, tendría yo que ser una trabajadora sexual, solo por hecho de estar en un parque con fama especial? Bueno, nunca lo entenderé, pero la escena me dejó una risa, ya que había pasado un buen rato.
¿Tú, qué le habrías respondido a ese don?
VIAJEMOS JUNTOS
PERSPeCTIVA CIUDADANA
PERSPeCTIVA CIUDADANA
PERSPeCTIVA CIUDADANA
PERSPECTIVA CIUDADANA
Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.