Ser reportera nunca fue el plan, pero uno se enamora del oficio más bonito del mundo…
Dicen que si estás en el mundo de las noticias (como yo, que soy reportera), es imperdonable que vivas en una burbuja y que no sepas qué ocurre en el mundo, en tiempo real, con los accidentes, las guerras, los políticos corruptos, entre otras cuestiones.
La verdad es que difiero, porque aunque seamos reporteros, tenemos derecho a una vida propia y a la desconexión. No tenemos por qué saber cómo está el mundo en tiempo real, porque sí, somos quien informa cómo es, pero realmente, quienes cambian la historia, son los tomadores de decisiones, los políticos y las instituciones.
Una vez, cuando tembló en el año 2017, yo no tuve que pensar mucho para elegir, entre ir mi redacción -que sufrió daños por el sismo- e ir lo más pronto posible con mi familia para saber cómo estaba. ¿Buena o mala reportera?, ¿Qué más da en un momento en los que hay que elegir entre el bienestar personal o informar?
La colectividad puede esperar unos momentos la presencia reporteril. En esos casos de emergencia, todas y todas apelamos a nuestro instinto de sobrevivencia, y no tenemos que transmitir en vivo, o ir a redactar una noticia, mientras nuestra familia está en riesgo, o desaparecida.
Las viejas redacciones han condicionado a los periodistas a estar en esa disyuntiva, entre estar disponibles las 24 horas los 365 días del año, y disfrutar una cena navideña con nuestras familias, o pasar una tarde agradable con nosotros mismos, caminando entre los árboles, haciendo ejercicio, o teniendo una cena romántica.
Recientemente, una persona me dijo que yo vivía en una burbuja. Y es que sí, a veces no me importa mucho saber si el hombre vuelve a la luna o si Estados Unidos ya perdió otro militar por provocar una guerra en Medio Oriente. A veces, solo quiero estar bien, y ser una persona que toma un café, libremente, sin mi celular a la mano.
En estos tiempos, donde mucha gente piensa en reaccionar con la violencia, la ventaja, el fraude, la corrupción, la desinformación y otros vicios, creo que lo más importante para salvarnos de eso, es dedicarnos tiempo de calidad, a los amigos, a la familia, a nosotros mismos. Ir a una meditación, prepararnos comida saludable, o salir a caminar.
Así que no, yo ya no pugno por el periodismo de 24 horas al día. Pugno por una burbuja, de vez en cuando, una que me dé paz y bonitos recuerdos para el resto de mi vida.
Para muchos que vivieron el periodismo de otras épocas, dirían que quienes nos atrevemos a disfrutar nuestra vida, no tenemos vocación por lo que hacemos, pero creo que el periodismo no se trata de estar ahí las 24 horas, sino siempre que se pueda.
A veces, es invertir 5 años en un proyecto que no tiene presupuesto público; es no olvidar casos que quedaron impunes después de 5 o 10 años; es darle voz a quienes fueron despedidos y no solo a quien te invita a sus eventos… el periodismo es ir más allá.
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