Ser reportera nunca fue el plan, pero uno se enamora del oficio más bonito del mundo…
VERÓNICA DE LA LUZ
En la pandemia decidí iniciar mi camino por el emprendimiento. Había escuchado que era difícil, pero consideré que el riesgo que asumía, era menor que el posible éxito que podía alcanzar. En otras palabras, dije: “me aviento”.
A cuatro años de explorar esos terrenos insospechados, y conocer varios casos de éxito, me animo a escribir este texto, a consejo de una colega “Vicky”.
El texto trata de ejemplificar la experiencia común de personas soñadoras que tienen un producto o servicio, y que están en el camino de darlo a conocer y posicionarlo, en sus respectivos mercados.
1. PERDER EL MIEDO
Enfrentarse a lo desconocido puede ser complicado, sobre todo, en una sociedad que nos enseña a dudar de nuestras capacidades, y que nos señala, hagamos lo que hagamos.
El emprendimiento es confianza en uno mismo. Es, en cierta forma, dar un salto al vacío; generarnos una oportunidad a nosotros mismos y, aportar nuestra creatividad para ofrecer soluciones de la vida cotidiana: movilidad, autoestima, seguridad, facilitar el trabajo, entre otras.
2. TENER ACCESO A CAPACITACIÓN
Al momento de comenzar mi proyecto, busqué asesoría de algunas personas. Unas eran demasiado experimentadas para dedicarme tiempo, y otras, simplemente no quisieron. Entonces, me enfrenté al primer reto: no saber.
Ergo, estaba decidida a emprender en el 2020, así que tenía que empezar por algo. Busqué a ONG´s, en Google, en YouTube, y todas las herramientas posibles para aprender.
Después, ya arrancados mis proyectos, empecé a buscar las capacitaciones gratuitas en el CIEN, en la Secretaría de Cultura de Puebla, y en otras dependencias que, sorprendentemente, me dieron las herramientas que necesitaba para comenzar.
3. ENCONTRAR UNA IDEA GANADORA (ÚTIL)
En algunas clases, he aprendido que el éxito de un proyecto depende de la utilidad de la idea. Es decir, que debe resolver una necesidad de algún segmento de mercado.
Y resolver una necesidad no significa una necesidad básica, sino una necesidad de diferente naturaleza. Por ejemplo, pueden ser tortillas de maíz azul, que satisfagan la alimentación, pero también puede ser un perfume que dé seguridad al consumidor.
Entonces, la idea ganadora o útil, dependerá de la inspiración del emprendedor o emprendedora y de cómo pueda vender su proyecto.
4. LOGRAR CALIDAD
Los y las emprendedores tenemos que vivir muchos procesos de prueba-error para afinar la calidad de nuestros productos y servicios. Los alimentos y bebidas, por ejemplo, deben cumplir estándares de Cofepris y de organismos internacionales, en caso de aspirar a la exportación.
En caso de los servicios, es más complicado tener un estándar, pero la práctica y la recomendación, es un indicador de calidad.
Creo que falta capacitación en cuanto a este tema, pero se han hecho esfuerzos para que los emprendimientos alcancen la calidad de firmas ya posicionadas.
5. DEFINIR A TU PÚBLICO OBJETIVO
Si intentamos vender nuestro producto o servicio con el cliente equivocado, quizá nos llevemos una amarga sorpresa. Querrá algo diferente que, quizá nunca podremos proporcionarle (pero alguien más, sí).
Por ello, es trascendental ubicar nuestro mercado meta o nuestros clientes y clientas potenciales. Por ejemplo, es complicado que, marcas como Channel o Porsche, ofrezcan productos para segmentos con ingresos mensuales de 2 mil o 4 mil pesos.
Entonces, los y las emprendedoras deben saber hacia cuál segmento quieren dirigirse, para que su producto o servicio sea exitoso.
6. ADMINISTRAR
Saber multiplicar las ganancias es una habilidad. Lograr la sobrevivencia de un negocio, haciendo cuentas y generando utilidades, es un éxito, pero un camino que requiere de intensiva capacitación y de años de aprendizaje, a menos que se logre la inversión para encontrar al personal adecuado para esta tarea.
7. POSICIONAR LA MARCA
He visto que, algunos empresarios y empresarias tienen reticencia de gastar 10 mil, 20 mil o 30 mil pesos por promocionar su imagen, o de su producto o servicio. Ven las redes sociales, los medios de comunicación y, en general, la difusión, como un gasto. Sin embargo, es una inversión.
Que se conozca y acepte un producto es un proceso largo, pero que requiere de inversión y de constancia.
8. BUSCAR INVERSIONISTAS
Actualmente, existen programas de financiamiento a fondo perdido. También hay capital privado al que se puede acceder para potencializar un proyecto.
Buscar inversionistas y socios es uno de los pasos para lograr el éxito; sin embargo, hay que estar alertas y poner reglas claras -mediante contratos-, con la intervención de abogados o abogadas.
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