Ser reportera nunca fue el plan, pero uno se enamora del oficio más bonito del mundo…
La Pagoda
Dicen que cuando se cierra una puerta, se abren ventanas, es decir, que si pierdes una oportunidad, puedes tener otras. Eso me pasó una mañana que moría de hambre.
Pasaban de las 7 AM. Para mi gusto, ya era una hora considerable para que hubiera un lugar para desayunar en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Hallé un sitio en la calle 5 de Mayo; no se veía tan mal. Estaba abierto, y me dejaron entrar, pero me dijeron que el servicio iniciaba hasta 7:30; ya faltaban unos 15 minutos. Al inicio, no tuve inconveniente, pero pasaba el tiempo, y ya que eran más de 7:30, el personal seguía trabajando, colocando adornos y no había servicio, así que me fui.
Creo que hubiera sido más fácil decirme que regresara en cuanto abrieran, o sencillamente, ellos pudieron abrir su negocio hasta que estuvieran listos para atender.
Caminé un poco. Fui optimista, aunque no veía muchas alternativas abiertas. Entonces, como si un rayo del sol mexa me iluminara, vi el «Café La Pagoda», un sitio que ya había visto antes, pero al que no había entrado. Cuando ahí me dijeron que ya había servicio, y que era de 24 horas, supe que era el lugar ideal. Mi corazón sonrío.
Una señorita muy agradable me atendió aquél día. No recuerdo qué comí la primera vez, pero seguro que me cautivó su comida porque he regresado varias veces.
Mientras en el lugar de enfrente, yo solo representaba un cliente seguro que debía esperar hasta que ellos tuvieran el tiempo, en el Café La Pagoda, era una nueva clienta que ocupó un lugar en barra, y que fue bienvenida, no solo con la comida, sino con una charla amena y buen trato de la mesera.
Cuando volví otras veces, tuve el agrado de conocer a un turista peruano que probaba por primera vez los sabores de nuestro país, y le encantaron.
Cuando volví más recientemente, llevé a un conocido, al que le gustó el pozole que ahí venden, con tostadas caseras.
Los precios son accesibles, la música es amena, y el personal es muy agradable.
El día que conocí ese lugar, supe que me volvería clienta, no solo por calidad de sus productos, sino porque su servicio marcó la diferencia para mi atropellada mañana de aquella vez.
La anécdota es una muestra de que, a veces perdemos algunas oportunidades, pero si buscamos, podemos ganar otras, y mejores.
PERSPeCTIVA CIUDADANA
SECURITY
Política Internacional
VIAJEMOS JUNTOS
VIAJEMOS JUNTOS
PERSPeCTIVA CIUDADANA
Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.