Especialista en seguridad e inteligencia
Fue director del Centro de Emergencias y Respuesta Inmediata (CERI) en Puebla
La oclocracia, un término acuñado por el historiador griego Polibio en el siglo II a.C., se refiere a una forma degenerada de democracia donde el poder recae en la muchedumbre o la masa desorganizada, manipulable y, a menudo, impulsada por emociones irracionales en lugar de la razón o el bien común.
En contextos modernos, la “oclocracia criminal” alude a escenarios donde esta muchedumbre no solo domina el gobierno, sino que se entrelaza con elementos delictivos, como corrupción, crimen organizado o líderes con historiales criminales ignorados o tolerados.
Este concepto se critica frecuentemente en debates sobre países como México, donde se describe un sistema atrapado entre oclocracia y anocracia (ausencia parcial de gobierno efectivo), permitiendo que figuras criminales o corruptas influyan en el poder popular.
Por ejemplo, se asocia con élites que transforman el servicio público en comportamientos criminales de autoenriquecimiento, o con masas manipuladas que respaldan a líderes vinculados a delitos, como en casos de presidentes que pasan por alto antecedentes penales de aliados.
En entornos legales, se discute cómo la oclocracia complica la aplicación de leyes contra la delincuencia organizada, fomentando un déficit de “pueblo” racional y un exceso de “masa” impulsiva.
En esencia, la oclocracia criminal representa no solo el caos de la multitud, sino su explotación por intereses delictivos, lo que Polibio advertía como la peor forma de gobierno al corromper la democracia genuina.
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